LA APUESTA DE TAMUZ

En la academia rabínica (YESHIBA) de la ciudad de Voloshin, estudiaban 400 alumnos. Sin embargo el gobierno Ruso solo autorizaba a 200 alumnos, por lo cual se veían obligados a sobornar al inspector que enviaban a controlar, el que finalmente pasaba una lista en que constaba solo el número permitido.
En una oportunidad llegó la noticia de que visitaría la Yeshiba el Ministro de educación en persona, para controlar él mismo el número de discípulos. Y este alto funcionaria era conocido como insobornable.
El director de la academia era el sabio Rabi Jaim Soloveichik, quien comentó que él se ocuparía de que el ministro recibiera el soborno.
¿Qué hizo Rab. Jaim? Pidió una entrevista con el ministro y el día fijado se presentó vestido con un pesado abrigo y grandes botas, a pesar de que estaban en el mes de Tamuz, en pleno verano Ruso.
-¿Qué significa esto? Se sorprendió el funcionario.
-Mí abuelita se me apareció en sueños anunciándome que esta noche habrá una tormenta con fuertes vientos y lluvias.
-No lo creo, dijo el ministro. Estamos en verano y no caen lluvias repentinas.
Lo desafío el Rab. Jaim diciéndole: -Hagamos una apuesta. Si yo tengo razón usted me dará 100 rublos y en caso contrario yo le daré 100 rublos a usted.
El ministro estuvo de acuerdo y obviamente que Rab. Jaim perdió la apuesta y esa misma noche le entregó los 100 rublos al mandatario.
Más adelante, cuando el Ministro de Educación visitó la Yeshiba a controlar el número de estudiantes, tuvieron éxito en sobornarlo y todo salió bien como había prometido Rab. Jaim.
¿Cómo pudo sobornarlo? Le preguntaron.
Está escrito en la Torá: “El soborno desvía la palabra de las personas justas”.
¿Cómo pueden ser llamadas “justas” luego de haber transgredido tomando el soborno? A partir de haber embolsado el dinero ya no son persona rectas.
Resulta que la interpretación del versículo es que incluso cuando recibieron dinero legalmente, como en nuestro caso de la apuesta, en que siguen siendo persona justas, ya es considerado como soborno que desvía sus palabras…
(Torat jaim)

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