El tributo al emperador

Nos relata el Zohar Hakadosh en Bereshit, pag. 39, que Alejandro Magno en una de sus conquistas llego a un Esfera-Grandemanantial del cual brotaba una fragancia riquísima.

-Seguro que ese aroma proviene del Paraíso, exclamó.

Se sumergió en el manantial, hasta alcanzar los portones de entrada al Gan Eden.

-Abran las puertas, ordeno.

-Aquí solo entran los justos.

-Entonces ya que soy un gran emperador entreguenme un tributo.

Le entregaron un objeto redondo.

Cuando intento pesarlo, colocó en un plato de la balanza todo el oro y la plata que poseía, y no pudo elevar de la tierra el platillo en donde posaba el objeto redondo.

Fue con los sabios de Israel y pregunto: -¿Acaso ustedes pueden decirme que es este objeto al que nada puede mover?

-Debes saber que es el ojo de la persona, que no conoce satisfacción, mientras más tiene, más desea.

-¿Quién dice que es así?

-La prueba de ello es que si colocas polvo sobre el objeto redondo, notaras que con cualquier pesa liviana que coloques en la balanza podrás levantarlo.

Y así hizo y aprendió que el ojo humano no conoce satisfacción toda la vida hasta que muere y colocan tierra sabre el.

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